Una vez internado e intubado, bajo el efecto de los anestésicos y sedantes de la terapia intensiva, la percepción de lo real y lo irreal se modifica al estar inconsciente. Sin embargo, recuerdo los sonidos electrónicos generados por todos los aparatos de la terapia intensiva, el sonido de los trapeadores cuando realizaban la limpieza del área alrededor de mi cama, el ritmo e intensidad de los sonidos, algunos diálogos entre los médicos alrededor mío, así como percibir los momentos de angustia que les generaba a todo el equipo de terapia cuando algún paciente caía en paro. Esto los llevaba a alzar sus voces e iniciar maniobras de resucitación, abriendo rápidamente ampolletas y solicitando medicamentos durante los momentos de la resucitación cardiopulmonar realizada a los pacientes cercanos. Aunque en esos momentos estuviera sedado, también recuerdo la dificultad que les causaba mantener mi corazón y presión arterial controlados. También tengo presente la sensación de estar inmovilizado para evitar que me pudiera hacer daño estando sedado. Conforme pasaban los días y bajo el efecto de los sedantes, mis procesos conscientes se fueron diluyendo y comencé a percibir sueños lúcidos como si fueran mi realidad cotidiana. A partir de este momento, el relato será más sobre sueños. Algunos podrán interpretarse como efectos secundarios de medicamentos, otros como sueños lúcidos, viajes astrales o realidades cuánticas alternas.
Deja un comentario