Vivir es un regalo. La gran aventura.

3. La caída

Recuerdo la última semana antes de caer enfermo, haber recibido pacientes de origen asiático, rusos, estadounidenses, canadienses y mexicanos. Aparentemente, esto provocó una mezcla de varias cepas en mi organismo del espantoso virus, lo cual originó una enfermedad severa. Al principio, traté esta enfermedad como cualquier paciente en casa; sin embargo, pasando los días, mi estado de salud se deterioró, generándome dificultad respiratoria que puso en riesgo mi integridad física. Como resultado, iniciaron los eventos extraordinarios o supranaturales, los cuales se dieron gradualmente.

Mi amada esposa tuvo que convertirse en mi ángel guardián, ya que a pesar de todos los medicamentos y oxígeno suplementario, mi estado de salud se deterioraba gradualmente. Para colmo, la había contagiado a ella y a mis hijos. La noche anterior a mi internamiento, en sueños percibió una visita de mis padres, quienes le repetían que yo estaba en riesgo. Por lo tanto, tuvo que tomar la dura decisión de internarme en un hospital. Al ver la gravedad de mi enfermedad, me preguntó cuál sería la elección del hospital donde atenderme. En ese momento adquirí conciencia de que me estaba deteriorando con hipoxia, lo cual me llevaba a la dificultad de mantenerme despierto y activo. Pensé en todas las posibilidades de dónde podrían atenderme, sabiendo que mi condición era grave y que podía morir, y decidí ir al hospital donde trabajo. Allí me conocen y no me verían únicamente como un paciente más, sino como un colega en estado grave que requeriría el apoyo de sus compañeros médicos del hospital y de la terapia intensiva para vivir. Recuerdo que aún con el oxígeno suplementario en las puntas nasales, mis niveles de saturación de oxígeno apenas alcanzaban los ochenta. Fui subido a la ambulancia que me llevó al servicio de urgencias del hospital, donde fui recibido por el jefe de urgencias y terapia intensiva, quien decidió de inmediato mi ingreso. Revisaron mis resultados de laboratorio y mi saturación de oxígeno con y sin oxígeno. Después de eso, el jefe de terapia me dijo que me tenían que intubar y que harían todo lo posible. Yo le contesté: «No vas a hacer todo lo posible, me vas a intubar y me vas a salvar.» Y procedieron a sedarme.

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