En uno de los encuentros terapéuticos más memorables, llegué al consultorio que parecía el de un pediatra. Allí vi a una niña jugando con su mamá y me di cuenta de que era una de las hijas de mi hermano y su esposa, quienes estaban enfermos de COVID pero se estaban recuperando sin ningún problema.
Cuando desperté de la terapia intensiva, le pregunté a mi hermano si se habían enfermado su hija y su esposa, y me corroboró que sí se habían enfermado sin ninguna consecuencia.
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